El 2022 nos está sorprendiendo al igual que su homónimo 2020 ambos han traído noticias ligadas a adversidad que nos involucran de forma directa o indirecta como humanidad. La naturaleza humana conlleva a que una respuesta ante la ansiedad pueda verse integrada con ideas extremas y rígidas sobre lo que “debiese de darse”, muchas veces fundado sobre una base en el sentido de injusticia y comodidad. La disputa que hoy en día aqueja a la población de Ucrania tiene los ojos del mundo en dicha región y en los acontecimientos que de la guerra que hoy está allí desarrollándose puedan derivarse. Dentro del marco de existencia, la adversidad está presente como un acontecimiento que no es deseable por el individuo e inclusive responde a hechos opuestos a los deseados. Ante esto, vale la pena preguntarse ¿Cuál es una actitud racional en este mundo que convulsiona?

 

En el año 2019 el inicio de una morbilidad que afecta al mundo estaba siendo anunciado, dentro de este marco la población no delimitó la potencialidad de daño que la misma podría alcanzar. Para el año 2020 la noticia de una pandemia era una realidad, la cual en muchos activó un conjunto de respuestas viscerales que restringió la expresión de emociones como la empatía y la capacidad de solución de conflictos, dando espacio conductas impulsivas y disruptivas que llegaron inclusive a atentar con el derecho de otros seres humanos.

 

La pregunta central sería ¿Lo anterior es una actitud humana? La respuesta a esta interrogante es: Sí, el ser humano en palabras de Ellis (2004) mantiene dos tendencias naturales: la primera, el ser capaz de generar pensamientos inflexibles y dogmáticos sobre situaciones acaecidas, lo cual conlleva a respuestas emocionales y conductuales de tipo perturbador y, la segunda, la tendencia a elegir modificar dichos pensamientos por otros más flexibles, orientados a metas y lógicos, los cuales permiten la experimentación de emociones no perturbadoras y conductas adaptativas.

 

La segunda tendencia biológica descrita en el apartado anterior, permite al ser humano la activación de regiones cerebrales más evolucionadas y menos primitivas, lo cual conlleva a la experimentación de emociones que se basan en pensamientos con principios de alta tolerancia al malestar, alta tolerancia a la frustración, alta tolerancia a la incertidumbre, hedonismo responsable y aceptación incondicional de sí mismo, de los otros y del mundo.

 

Por tanto, una actitud racional ante la adversidad que hoy en día aquejan a la humanidad debe ser subdividida en tres aristas hacia las que va dirigida: la vida, los otros y sí mismo.  A continuación, se desarrolla cada una de estas:

 

  1. Actitud Racional a la Vida: La vida es un ente abstracto relacionado con la cual se dan experiencias dentro del marco existencial. No tiene una forma específica de ser, puesto que se acompaña de acontecimientos y experiencias desagradables y agradables. La actitud que mantenemos ante la vida es lo que mantiene una relación directa con las emociones y conductas que en ella emergen. Esta actitud se basa en un conjunto de elementos cognitivos que configuran la forma en que percibimos los acontecimientos que la vida se dan. Por ejemplo: una persona que mantiene una percepción de que la guerra dada en Ucrania es la peor catástrofe de la humanidad, tenderá a manifestar niveles emocionales de ansiedad (como emoción perturbadora); mientras que, una persona que mantiene una visión realista y relativista en cuanto a la malignidad del acto podría expresar niveles de preocupación (como emoción no perturbadora). Epicteto hace más de dos mil años lo refería: “El hombre no está preocupado tanto por problemas reales, como por sus ansiedades imaginadas sobre los problemas reales”; dejando implícito que la opinión que mantenemos acerca de los problemas conlleva a la manifestación emocional, que en Terapia Racional Emotiva Conductual denominamos: perturbadora. Una actitud racional de la vida implica la aceptación de la misma con los acontecimientos agradables y desagradables, sin caer en un punto de resignación, validando la preferencia que mantiene la persona de que cosas agradables se den en la vida; así como de que cosas desagradables pudiesen ser evitadas. Esto me recuerda a palabras de un consultante, quien en su proceso psicoterapéutico refirió: “la vida es muy compleja para ser etiquetada como buena o mala… en sí la vida tiene aspectos simples y complejos, bonitos y feos, inteligentes y absurdos…”

 

  1. Actitud Racional hacia los otros: Los otros son seres complejos quienes mantienen una propia perspectiva y libertad sobre los acontecimientos que se dan en la vida. La acción, el pensar y el sentir del otro no está bajo nuestro control. Aunque fuese deseable que los otros mantuviesen conductas, acciones y emociones dentro del marco que bajo nuestra cosmovisión consideramos correcto, lamentable y no tan lamentablemente, el otro mantiene derecho de ejecutarse como a bien considere. Mantener una actitud racional hacia los otros implica aceptarles como seres falibles, quienes pueden mantener buenos y malos actos; evitando caer en condenas generalizadas de su existencia. Una persona que falla constantemente no se convierte en un fracasado; puesto que paradójicamente, ha mantenido éxito en fallar. Dada la paradoja anterior, podemos ver que las etiquetas globales no existen ya que son una reducción de la totalidad del ser por sus acciones. El ser y el hacer son constructor muy distintos, puesto que el primero tiene un carácter de permanencia ligado a su existencia; mientras que el hacer si puede ser condenable y conlleva responsabilidad por parte de su ejecutor, quien dentro del marco de libertad eligió llevarlo a caboLos otros son seres, cuya valía radica en su existencia, más allá que en las características, posesiones, acciones o posible aprobación que posean del entorno. Sin embargo, esto no les exime de ser responsables de las decisiones que han enmarcado, por tanto que una actitud racional puede resumirse en distinguir el ser del hacer y el ser del tener. Ante la adversidad que vivimos, una actitud racional nos permite ver que no existen personas malas; sino personas que han elegido ejecutar malas acciones. Un ejemplo de cómo este tipo de actitud puede apoyarnos a no perturbarnos sería el siguiente: supongamos que una persona, dada la posible guerra que se suscita  en Ucrania, elige comprar todos los productos de primera necesidad en una abarrotería. Esto podríamos considerarlo como un acto egoísta que no delimita un bienestar social; sin embargo, esto no conlleva a que la persona sea calificada como una entidad totalmente maligna o egoísta.

 

  1. Actitud Racional hacia sí mismo: se basa, al igual que los anteriores, en el principio de aceptación incondicional. La diferencia de este, es que radica en que el individuo aprenda a no evaluar su totalidad basándose en sus acciones, virtudes, defectos, aptitudes, debilidades o capacidades; sino que sepa distinguir que la acción, aprobación y posesión no hacen alusión al ser. El aceptarnos de forma incondicional, conlleva que podamos distinguir los factores externos y variantes, de la esencia o inherente. Mantener una actitud racional hacia nosotros mismos conlleva que fomentemos pensamientos preferenciales de nuestro hacer, sentir, pensar y tener y, que evitemos, generar condenas o infra o supervaloraciones dependientes de dichos factores. En el marco actual, que afrontamos en un mundo convulsionado conllevaría a promover un sano desarrollo del ser basado en principios de búsqueda de placer con un respeto a la libertad personal y del otro y principios de tolerancia basados en nuestra capacidad humana. Una paradoja que te invitaría a leer y sobre la cual reflexionar acerca de la aceptación incondicional es la Paradoja de Teseo.

 

En un marco general, estas tres aristas de actitud racional deben ser compartidas con el desarrollo de pensamientos flexibles, lógicos y basados en la realidad que sean congruentes y preferenciales. La actitud racional hacia la adversidad que afrontamos se puede basar en un deseo explícito de que la misma no se dé, al mismo tiempo en que aceptamos su probabilidad de darse. De la mano de esto, una actitud racional ante alguna acción adversa que la otra persona elija mantener sería el desear que esta no se ejecute (al mismo tiempo que aceptamos la probabilidad que se lleve a cabo). Asimismo, referente al ámbito personal, podríamos desear lo fallar; al mismo tiempo que aceptamos la probabilidad de fallo. Espero que el presente artículo de opinión pueda servir para reflexionar sobre el marco adverso que como humanidad estamos pasando y promueva el desarrollo de capacidades que nos permitan acompañarnos de emociones no perturbadoras que validen nuestra perspectiva personal y, a la vez, se acompañen de conductas orientadas a solventar lo que se encuentre bajo nuestro control.

 

Marckus R. Rivera P.

 

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